Antes de la Grieta
Antes de que existiera un nombre para lo que pasó, Galgoth era solo un mundo. Bosques que no pedían nada. Aldeas que se levantaban despacio, piedra sobre piedra, sin prisa porque no había razón para tenerla. La gente envejecía y moría de las cosas normales — el frío, el hambre en los años malos, alguna vez una espada. Nadie hablaba de "temporadas". El tiempo, ahí, solo pasaba.
Quedan pocos registros de esa época — la mayoría se perdieron la noche en que todo cambió, y los que sobrevivieron prefieren no escribir sobre lo que tenían antes de saber que lo iban a perder. Lo poco que queda son fragmentos: el nombre de un pueblo, mapas incompletos, una canción de cuna que ya nadie termina de cantar igual dos veces.
La noche que se abrió
No hay una fecha exacta. Los relatos coinciden en la estación — otoño, cuando las noches empiezan a alargarse — pero no en el día. Lo que sí coincide, en cada versión que ha sobrevivido, es la secuencia: primero el sonido, un crujido bajo tierra que la gente sintió en los dientes antes de oírlo con los oídos. Después el silencio — los pájaros, los perros, hasta el viento se detuvo, como si el mundo entero estuviera conteniendo el aire. Y entonces la tierra se abrió.
No fue una explosión. Los que lo vieron de cerca — pocos, y ninguno completo después — describen algo más parecido a una herida abriéndose que a algo rompiéndose: los bordes no se astillaron, se separaron, como si la piedra tuviera una costura ahí desde siempre y alguien, por fin, hubiera decidido tirar del hilo. De la abertura salió luz. Violeta, fría, que no proyectaba sombras normales — las sombras que hacía apuntaban todas hacia la Grieta, sin importar de dónde viniera la luz de verdad.
Los pueblos más cercanos no tuvieron tiempo de decidir si quedarse o huir. Simplemente dejaron de estar donde estaban.
Lo que corrompió
Lo que vino después no fue inmediato. Durante días — algunos dicen semanas — la Grieta solo estuvo ahí, sangrando su luz, sin hacer nada más. Fue tiempo suficiente para que la gente empezara a creer que tal vez no iba a pasar nada más. Se equivocaban.
La fauna cambió primero. No de golpe — un zombie que debería haberse desmoronado como cualquier otro no lo hizo; en cambio, algo bajo su piel siguió creciendo, alimentándose de cada golpe que debería haberlo matado, hasta que ya no quedaba nada reconocible del cuerpo original. Un esqueleto perdió las cuencas de los ojos por completo y, en vez de quedar ciego, empezó a disparar con una puntería que ningún arquero vivo podía igualar — como si algo más estuviera mirando a través de él. Las arañas empezaron a tejer algo que no era seda. Los Endermen dejaron de teletransportarse al azar y empezaron a elegir — parándose en los bordes, mirando, esperando a que alguien mirara de vuelta.
Hoy los llamamos el Bestiario Corrupto. En su momento, nadie tenía ese nombre todavía — solo el miedo de reconocer algo familiar convertido en algo que ya no lo era.
Los que lo intentaron
Hay una lista. Nadie sabe quién la empezó ni dónde está el original — cada temporada alguien la reescribe de memoria, añade lo que recuerda, y la deja en algún lugar del Spawn para el que venga después. Los nombres no siempre coinciden entre versiones. Lo que sí se repite, temporada tras temporada, es la forma de las entradas: quién entró, cuántos, y hasta dónde llegaron antes de que la Grieta decidiera que ya habían visto suficiente.
La mayoría no llega ni a ver a El Primero. Los que llegan describen algo que no se comporta como un jefe debería — no ataca por instinto, ataca por evaluación, como si cada golpe fuera una pregunta y la respuesta determinara el siguiente. Nadie ha completado una temporada entera sin caer ante él. Todavía. Esa última palabra aparece en cada versión de la lista, sin excepción — nadie se ha atrevido a quitarla.
La luz que no ilumina
Hay algo que todos los supervivientes mencionan tarde o temprano, casi siempre con la misma incomodidad: la luz de la Grieta no calienta. No importa cuánto tiempo pases cerca, nunca sientes el calor que deberías sentir de una luz así de brillante. Algunos dicen que por eso perder una vida se siente como perder algo más que corazones — como si cada muerte le entregara a la Grieta un poco de algo que no se puede medir en mecánicas de juego.
Es la misma luz que trae de vuelta a los que pagan por una revivificación. Vuelven, sí — pero con la mitad de lo que tenían, y ninguno ha sabido explicar bien por qué. La teoría más repetida en el Spawn es simple y nadie la ha podido desmentir: la Grieta no da nada gratis. Ni siquiera una segunda oportunidad.
Lo que se sabe, lo que se teme
No hay consenso sobre qué es la Corrupción en realidad. Lo que existe son teorías, repetidas de temporada en temporada, que se contradicen entre sí y que nadie se ha molestado en resolver:
- Que la Grieta no apareció — que siempre estuvo ahí, y algo la abrió desde adentro.
- Que El Primero no es el jefe de la Corrupción — que es su primera víctima, y que "ganarle" es, en realidad, liberarlo.
- Que cada temporada no es un reinicio — es la misma historia, contada otra vez, porque nadie la ha contado bien todavía.
- Que la luz violeta no busca destruir Galgoth — busca encontrar a alguien capaz de sobrevivirla completa, y hasta ahora, nadie lo ha sido.
Ninguna se ha confirmado. Ninguna se ha descartado del todo.